La investigación en este campo muestra que la actividad física beneficia a casi todas las personas, independientemente de su edad y si tiene o no dolencias o discapacidades crónicas. La actividad física no solo promueve la salud y reduce el riesgo de enfermedades crónicas, sino que también mejora el sueño, la calidad de vida autopercibida y el funcionamiento cognitivo (como por ejemplo, la memoria, la atención y la velocidad de procesamiento).

En la Figura 5 se indican los objetivos semanales recomendados de actividad física aeróbica y fortalecimiento muscular para la población en edad laboral. No obstante, todo movimiento o actividad que reduzca  o interrumpa el tiempo  sedentario son valiosos. Podemos lograr efectos beneficiosos para la salud si, por ejemplo, tras estar mucho tiempo sentados nos ponemos de pie o interrumpimos el sedentarismo siquiera por períodos cortos, con un poco de movimiento o una actividad física ligera.

Las políticas del entorno laboral y del lugar de trabajo sirven para fomentar la actividad física y ayudar a los empleados a alcanzar sus objetivos semanales. Pueden incorporarse breves sesiones de actividad física en las operaciones del lugar de trabajo y en las rutinas diarias de trabajo de los empleados. Esta sección proporciona ejemplos prácticos de cómo lograrlo.

Figura 5. P Recomendaciones de actividad física para población en edad laboral.

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